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Archive for April, 2011

Actualizando + poema

Hace ya mucho tiempo que no escribo nada por aquí. Y no es que los haya olvidado, o que no desee escribir, no. Cuando me preguntan que dónde me he metido, y que cómo me ha ido, la respuesta es la siguiente: encerrada en mi casa, porque la universidad está acabando conmigo. Un amigo me recomendó que acabara yo con ella, pero aquí a eso le llaman terrorismo, y no es buena idea. (Si, he estado tratando de “pulir” mi corroído sentido del humor.)

En fin, aqui estoy, decidida a escribir aun así sea tonterías. (En este punto, puede parar de leer; sin rencores, eh? Pero a los que sigan leyendo, les toca poema al final!) Ahora mismo le ando pidiendo a un amigo que me cuente una historia. Y es que tengo el defecto de no poder hacer sólo una cosa a la vez, como quiso enseñarme mi santa madre. Nunca he podido hacer sólo una cosa. (Excepto quizas escribir poesía.) Esta semana que pasó escribí para la universidad un ensayo largo, uno corto y un monólogo, todo mientras estaba jugando a la granja en Facebook, oyendo videos en Youtube (porque mis ojos estaban ocupados)  y mirando televisión. Ahora mismo chateo (con el amigo que me cuenta una historia), chequeo mi correo, veo una película en la tele (The Imaginarium of Dr. Parnassus – Excelente, por cierto), ando en Facebook y escribo aquí. Me pregunto si tengo algún tipo de desorden….

Tengo mucho tiempo que no escribo. Muchísimo. Desde enero, para serles exactos. Y es que, como dije anteriormente (sin querer sonar repetitiva ni cansona), la universidad está acabando conmigo. Sin embargo, quiero dejarles con un poemita que escribí en esas fechas (para no perder la costumbre), y que creo que está lo suficientemente decente para que ustedes lo lean (los “una” o “dos” personas que van a leer este post), y me digan qué tal.

Aquí, el susodicho poema, de una serie modesta llamada: “Poemas de Té de Menta”

De la mesa caen gotas vivas;

té de menta derramado.

El poema no es, en realidad,

tan largo como pensaba.

Sube el olor a dulce

hasta mis rodillas.

Las luces no están,

tengo un cuarto propio,

con una ventana

que da a otra ventana

que está, generalmente, vacía.

Fuerte,

el olor a menta.

Siguen cayendo de la mesa

frescura y verdor

por la izquierda.

La toalla es una actriz

contenta y desabrida.

El tiempo sigue corriendo;

“Tic-Toc” decía el Conejo.

Todo ha terminado.

La toalla, nutrida, se despide.

Es hora de afilar el lápiz.


Es hora, chiquillos, de que me dejen sus comentarios. Otro día (quizas más temprano, quizás menos lejos), volveré a aburrirlos con las historias de las cosas que me atañen y me hacen ser (por qué no?) simplemente yo.

Besos,

Sarah Valerio

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