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Archive for October, 2011

     Ayer, discutía con mi esposo sobre algunos de los problemas que aquejan a mi país, República Dominicana. “El país está condenado al desastre,” me decía un poco cabizbajo, a lo que yo respondí, con rostro y voz de idealista apasionada: “Condenado estará, hasta que aparezca un líder, sin afiliaciones políticas, que pueda proponer una reforma educativa profunda.” Y sí. Creo que ese sería la cuerda para salir del atolladero económico-socio-político-cultural en que nos encontramos como nación.

     Vamos a ser realistas: en este momento en el país, los maestros son más analfabetas que los estudiantes. No sé en qué momento perdieron los maestros la motivación y la rigurosidad que, en el pasado, hacía de los estudiantes que salían de Primaria el equivalente a un graduado de Secundaria de hoy en día. Es increíblemente triste ver a los maestros dormidos en el aula, o corregir alguna asignación sin reparo en las normas de gramática, puntuación o estilísticas. Claro, uno no puede dar lo que no tiene. Los maestros no pueden corregir estas fallas, porque simplemente no las conocen. Los educadores de hoy permiten ampliamente el uso de celulares en el aula, lo que distrae más aún a los estudiantes y son muchas veces ridiculizados por sus pupilos quienes ya no respetan a sus profesores ni como albaceas de conocimiento, ni modelos a seguir, y mucho menos como figuras de autoridad.

      Recuerdo con algo de tristeza y alegría mezclados, la educación que tuve la fortuna de recibir. Mis profesores, desde la Pre-escuela, exigían líneas redondas y bien definidas al trazar las letras, y desde Primaria, la gramática y la ortografía eran defendidas a capa y espada por mis afanados y valientes profesores. Para la secundaria ya el cambio había comenzado a ocurrir gracias al uso indiscriminado del computador, pero eso no impedía que mi querida maestra de Literatura, fuera voraz al momento de evaluar los elementos de estilo y el pensamiento crítico. A todo esto, yo sólo tengo 29 años a la fecha.

    Entonces, ¿qué motiva a los educadores de hoy día? Obviamente, no es el dinero, ya que además de ser de las profesiones peor pagas en nuestra isla, muchos maestros del sector público esperan su primer sueldo hasta por tres años. Tampoco es el deseo de conocimiento, pues un abrumador porcentaje de profesores detienen su educación al recibirse de maestros sin aspiraciones de obtener una Maestría, Postgrado o Doctorado. No creo que sea la necesidad imperante de formar a la sociedad del mañana, ya que la muestra del futuro de la nación la tenemos en poses cursis y frases sacadas de canciones vulgares escritas, para colmo, con una ortografía atroz! “Vergüenza ajena, ma petite Libellule!” diría mi una de mis mejores amigas. Y si, tiene razón.

     La propuesta es una reforma profunda de la educación en la República Dominicana. Es difícil, pero creo que no es imposible. Hay que re-evaluar a los maestros, y si no están capacitados, enviarlos nuevamente a capacitación. Nadie puede dar lo que no tiene. Si alguien no está capacitado para ejercer una profesión, en cualquier área de la vida, o se educa o cambia de campo. ¿Por qué no puede ser esto verdad también para la más importantes de las profesiones?

      Luego hay que revisar el currículum que se maneja para cada grado y asegurarse de que todos los estudiantes tanto de instituciones privadas como los del sector público reciban la misma calidad educacional. Es entonces, cuando  los estudiantes del ambos sectores podrán competir equitativamente empleos y por becas fuera del país.

      Finalmente, habría que equipar los centros educativos con por lo menos lo básico para facilitar la tan necesaria adquisición del conocimiento. En un plantel donde los estudiantes se sientan en bloques de cemento, o tienen que traer sillas de sus casas para poder tomar las clases, no hay cabida dentro de la incomodidad para aprender. En un aula donde las clases se suspenden cada vez que llueve porque el techo no soporta una gotera más, tampoco. Bajo la reforma, las escuelas deben de tener un techo firme, pizarras, tizas, borradores y asientos. Lo mínimo.

       Otro aspecto a considerar es la existencia y uso de las bibliotecas. Una amiga periodista se quejaba el otro día, de que en alguna ciudad de nuestro país, “sólo hay una biblioteca pública y esta se encuentra cerrada (indefinidamente) por “reparaciones.”‘ ¿Dónde se puede leer un libro? ¿Dónde encontrar información? No todos tenemos acceso a un computador, y aunque lo tuviésemos, los libros nunca pasarán de moda. Las bibliotecas no deben de estar cerradas nunca pues cerrar las puertas de esta casa del saber es exiliar un universo de conocimiento al alcance del público en general.

       Yo no soy defensora del 4% (movimiento que exige el desembolso del 4% del presupuesto del estado dispuesto por mandato obligatorio para el sector educación, y que hasta ahora se le ha negado al pueblo). No hasta que se haga una reforma. No importa cuánto presupuesto estatal se destine a este propósito. Si dicho dinero no se va a utilizar apropiadamente, estamos en lo mismo.

      Nuestros estudiantes desconocen los términos “ensayo,” “pensamiento crítico” y “tesis” (fuera de esa investigación inmensa que te pasas meses haciendo en grupo al final de tu carrera). Tampoco hay nadie que les explique. Es una pena.

        En fin, si soy una soñadora, porque deseo fervientemente que mi país progrese y creo que la educación es el método para lograrlo, entonces sí, soy una soñadora, carajo. La reforma a la Educación es NECESARIA para que seamos mejores individuos, mejores profesionales, mejores seres humanos, y sobre todo para que seamos menos ignorantes, y no abusen tanto de nosotros los dirigentes que, por falta de una decisión educada permitimos que nos dirijan.

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