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Archive for March, 2015

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Tuve una niñez extraña. Leía mucho, y jugaba sola. La imaginación era mi mejor amiga. No me quejo. Por más “solitaria” que pareciera mi niñez, fue una niñez feliz.

De los primeros 8 años de mi vida, recuerdo pocas cosas: Mi primer día de clases a los 3 años; un compañero de clases, hijo de la Directora del colegio, que por amor infantil se dedicaba a morderme los cachetes diariamente, y al cuál un día mordí yo; beberme la leche encerrada sola en el baño, para que los demás no se burlasen de mi cuando me subiera la falda para agarrarme el ombligo; mi primer amor, José Aníbal, un morenito hermoso que un buen día enfermó y nunca le volví a ver; la partida de mi mejor amiga, Kenia, hacia los Estados Unidos, y comprender a cabalidad que nunca más le volvería a ver…

Sin embargo, entre los recuerdos que tengo de esa época de mi vida, duerme el recuerdo más valioso que poseo. El día de ayer, conversando con un amigo, identificábamos cuál era en nuestras vidas el momento más valioso para cada uno. Después de escucharle hablar sobre una delicada experiencia personal, era mi turno.

He de confesar que la relación con mi padre siempre ha sido un poco difícil para mi. Por cuestiones de la vida, siempre he sentido una cierta distancia entre mi papá y yo. Mi papá es trabajador, tosco y terco como mula. No es un hombre de decir “te amo” o de sentarse a leerte un cuento. Mi papá es más de pagar las cuentas y dar reprimendas. Eso no lo hace mal padre. Lo hace un padre menos envuelto, por así decirlo, en el día a día de sus hijos, pero no lo hace mal padre. Es debido a estas cosas, pensaba yo, que nunca había logrado una conexión con mi papá.  Sin embargo, al charlar con mi amigo anoche, entendí muchas cosas de mi misma que ni yo las conocía.

Recuerdo que, con mi papá veíamos siempre la lucha libre de la WWF. A mi hermana y a mi mamá también les gustaba, pero lo de mi papá era pasión! Cuando sus luchadores favoritos perdían o ganaban, era motivo de enojo o celebración. Recuerdo su risa. Qué risa hermosa la de mi papá!

Tendría yo al rededor de 7 u 8 años. Era el campeonato de la WWF y estábamos mi papá y yo viendo las peleas en la televisión de la habitación, riéndonos y jugando. De repente, me agarra mi papá, me levanta y me deja caer en la cama. Luego, se lanza sobre mi a hacerme cosquillas. En ese momento, fui feliz. En ese momento, mi papá era el mejor papá del mundo. El más fuerte y amoroso. En ese momento, mi papá era el amor de mi vida, lo más importante que tenía; lo único importante para mi.

El recuerdo es vibrante en mi. Recuerdo con exactitud los colores, los olores, la iluminación. Recuerdo cómo me sentí. Nunca más tuve con mi papá un momento así. Ese es mi recuerdo más valioso.

A los 10 años, pasaron cosas en mi familia y en mi vida que me cambiaron totalmente como individuo. En un momento que no quiero recordar, y sin embargo recuerdo con igual nitidez que el anterior, mi papá ya no era el mejor papá del mundo. Y nunca lo volvió a ser.

Hoy, lo llamé. Mientras hablaba con el, cerré mis ojos, y ví a ese hombre que en el pasado fue tan todo para mí. Le dije que le extrañaba, que lo amaba. Le pregunté si el también recordaba aquel momento que tan feliz me había hecho, y me dijo que sí, y se rió. Se rió como antes. Como mi papá que era mi todo. No pude reprimir una lágrima. Me despedí de el, mientras un pequeño y extraño calor se movía en mi pecho.

Soy la niña de papi, y mi papá es tosco y terco. Y, por lo menos para mi, es el mejor papá del mundo.

-SV

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