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A drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my heaven

I don’t wanna waste the weekend
If you don’t love me pretend
A few more hours then it’s time to go

As my train rolls down the east coast I wonder how you keep warm
It’s too late to cry
Too broken to move on

And still I can’t let you be
Most nights I hardly sleep
Don’t take what you don’t need from me

It’s just a drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my heaven

Misplaced trust in old friends
Never counting regrets
By the grace of God I do not rest at all

And New England as the leaves change
The last excuse that I’ll claim
I was a boy who loved a woman like a little girl

And still I can’t let you be
Most nights I hardly sleep
Don’t take what you don’t need from me

It’s just a drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my…

Heaven doesn’t seem far away anymore
No, no
Heaven doesn’t seem far away

Heaven doesn’t seem far away anymore
No, no
Heaven doesn’t seem far away
Oh, oh

It’s just a drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my heaven
You are my heaven 

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33 + 2

Tengo treinta y tres años, y dos hijos a los que mi vientre no pudo abrazar. A veces, los siento lactar. A veces, me los imagino corriendo por la casa. A veces, los escucho llamarme “mamá”. A veces, mis hijos se sientan conmigo a hacer los deberes. A veces, hacen rabietas y me sacan de mis casillas. A veces, se parecen a mi, y otras veces a su padre. A veces, se van a la cama y yo los veo dormir.
Tengo treinta y tres años, y dos hijos perdidos.

Recordando a Omar V.

A menudo me pregunto qué sentiría Omar. Me lo imagino sentado en la azotea del cine, fumándose ese último Marlboro rojo. Quizá tumbado, mirando al cielo. Tenía miedo? En qué pensaba mientras se quitaba los zapatos y los alineaba en orden junto a su reloj, el encendedor, la cartera y los cigarros? Se sentiría solo?

Luego, me gusta imaginarlo un momento detenido en el aire, en la plenitud del salto, como un planeador. Lo imagino sonriente, tranquilo. Es cierto que el recuerdo tiende a embellecerlo todo.

Muchas veces pienso en Omar. Nunca tengo el valor de verlo más allá del salto. Nunca tengo el valor de recordarlo frio, en la caja cerrada. Nunca puedo verlo más allá de la tez blanca y el pelo rubio y la sonrisa y los brackets y los ojos azules. Nunca puedo dejar de verlo saltar, con la paz, finalmente, dibujada en el rostro.

Mi tristeza es mia, y sólo a mi me duele. Mis soledades, vacías y deformes, hinchadas de dolor, de náuseas, de vientres vacíos, y promesas rotas, es sólo mía. En mi pecho explotan alegres cientos de bombas atómicas. Una tras otra. Incesantes. Una. Viene otra. Y otra. Para siempre. Vivo dejando mi vida colgada de un corazón ajeno, que resulta siempre no querer cuidar el mio. Una nómada. Me he convertido en una mujer sin hogar, en un ser equivocado. En una persona sin esperanzas. Recuerdo la niña que jugaba sola. La mujer, también juega sola. Tengo el presentimiento que la anciana morirá en soledad. Y es a veces un pensamiento absurdo, ese de la vejez. Pero una fuerza extraña sigue salvándome irracionalmente de la auto-eutanancia. Cansada. Sola. Engañada. Triste. Explotando. Aborrecida. A mi qué me importas, Mariposita. Vete de aquí, Libélula molesta. No quiero saber más de ti, mi amor, mi parchita hermosa…

Allá, a la distancia, se apagan las luces.

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Almost, Honey..

La canción flotaba en el aire, atrapada en el pequeño espacio que encerraba la mini-van. Afuera, el cielo se extendía majestuoso. Era uno de aquellos atardeceres donde la belleza se imponía al frio. “You almost killed me, honey.. You aaalmost killed me, hoooneyyy…”
Se sorprendió a media búsqueda de un contacto que ya no existía. La canción llegaba a su fin. “Lástima -pensó- ésta le hubiese gustado mucho” y se sumió en el silencio de la tarde que moría.

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No vamos a romantizar
A la mujer que se entregó,
Con los brazos abiertos,
A la incertidumbre del futuro
Y despertó con la mejilla raspada
Y la pelvis machacada
Otra vez.
No.
No vamos a defenderla
Con el puño cerrado,
Con pancartas,
A voz en cuello,
Desde los tribunales,
Desde el poema,
Desde el arte.
No.
No vamos a premiarle
Con nuestra humilde lástima.
No vamos a regalarle
La vacía botella del amor
Ni a dejarle que mame
De la teta seca de la justicia.
A esa mujer,
La que se queda sola,
La que cree amar con locura,
La de la bofetada,
La de la patada y las flores,
La del sexo de reconciliación,
La del ojo morado,
Y el moreton en el brazo,
Y la mordida en las nalgas,
La que aguanta callada,
A esa mujer
Mejor dejémosla morir
Anónima
En el espejo de la vecina
Mientas nosotros bindamos
Por la justicia y las rosas.

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Tuve una niñez extraña. Leía mucho, y jugaba sola. La imaginación era mi mejor amiga. No me quejo. Por más “solitaria” que pareciera mi niñez, fue una niñez feliz.

De los primeros 8 años de mi vida, recuerdo pocas cosas: Mi primer día de clases a los 3 años; un compañero de clases, hijo de la Directora del colegio, que por amor infantil se dedicaba a morderme los cachetes diariamente, y al cuál un día mordí yo; beberme la leche encerrada sola en el baño, para que los demás no se burlasen de mi cuando me subiera la falda para agarrarme el ombligo; mi primer amor, José Aníbal, un morenito hermoso que un buen día enfermó y nunca le volví a ver; la partida de mi mejor amiga, Kenia, hacia los Estados Unidos, y comprender a cabalidad que nunca más le volvería a ver…

Sin embargo, entre los recuerdos que tengo de esa época de mi vida, duerme el recuerdo más valioso que poseo. El día de ayer, conversando con un amigo, identificábamos cuál era en nuestras vidas el momento más valioso para cada uno. Después de escucharle hablar sobre una delicada experiencia personal, era mi turno.

He de confesar que la relación con mi padre siempre ha sido un poco difícil para mi. Por cuestiones de la vida, siempre he sentido una cierta distancia entre mi papá y yo. Mi papá es trabajador, tosco y terco como mula. No es un hombre de decir “te amo” o de sentarse a leerte un cuento. Mi papá es más de pagar las cuentas y dar reprimendas. Eso no lo hace mal padre. Lo hace un padre menos envuelto, por así decirlo, en el día a día de sus hijos, pero no lo hace mal padre. Es debido a estas cosas, pensaba yo, que nunca había logrado una conexión con mi papá.  Sin embargo, al charlar con mi amigo anoche, entendí muchas cosas de mi misma que ni yo las conocía.

Recuerdo que, con mi papá veíamos siempre la lucha libre de la WWF. A mi hermana y a mi mamá también les gustaba, pero lo de mi papá era pasión! Cuando sus luchadores favoritos perdían o ganaban, era motivo de enojo o celebración. Recuerdo su risa. Qué risa hermosa la de mi papá!

Tendría yo al rededor de 7 u 8 años. Era el campeonato de la WWF y estábamos mi papá y yo viendo las peleas en la televisión de la habitación, riéndonos y jugando. De repente, me agarra mi papá, me levanta y me deja caer en la cama. Luego, se lanza sobre mi a hacerme cosquillas. En ese momento, fui feliz. En ese momento, mi papá era el mejor papá del mundo. El más fuerte y amoroso. En ese momento, mi papá era el amor de mi vida, lo más importante que tenía; lo único importante para mi.

El recuerdo es vibrante en mi. Recuerdo con exactitud los colores, los olores, la iluminación. Recuerdo cómo me sentí. Nunca más tuve con mi papá un momento así. Ese es mi recuerdo más valioso.

A los 10 años, pasaron cosas en mi familia y en mi vida que me cambiaron totalmente como individuo. En un momento que no quiero recordar, y sin embargo recuerdo con igual nitidez que el anterior, mi papá ya no era el mejor papá del mundo. Y nunca lo volvió a ser.

Hoy, lo llamé. Mientras hablaba con el, cerré mis ojos, y ví a ese hombre que en el pasado fue tan todo para mí. Le dije que le extrañaba, que lo amaba. Le pregunté si el también recordaba aquel momento que tan feliz me había hecho, y me dijo que sí, y se rió. Se rió como antes. Como mi papá que era mi todo. No pude reprimir una lágrima. Me despedí de el, mientras un pequeño y extraño calor se movía en mi pecho.

Soy la niña de papi, y mi papá es tosco y terco. Y, por lo menos para mi, es el mejor papá del mundo.

-SV