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Archive for October, 2015

A drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my heaven

I don’t wanna waste the weekend
If you don’t love me pretend
A few more hours then it’s time to go

As my train rolls down the east coast I wonder how you keep warm
It’s too late to cry
Too broken to move on

And still I can’t let you be
Most nights I hardly sleep
Don’t take what you don’t need from me

It’s just a drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my heaven

Misplaced trust in old friends
Never counting regrets
By the grace of God I do not rest at all

And New England as the leaves change
The last excuse that I’ll claim
I was a boy who loved a woman like a little girl

And still I can’t let you be
Most nights I hardly sleep
Don’t take what you don’t need from me

It’s just a drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my…

Heaven doesn’t seem far away anymore
No, no
Heaven doesn’t seem far away

Heaven doesn’t seem far away anymore
No, no
Heaven doesn’t seem far away
Oh, oh

It’s just a drop in the ocean
A change in the weather
I was praying that you and me might end up together
It’s like wishing for rain as I stand in the desert
But I’m holding you closer than most ’cause you are my heaven
You are my heaven 

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33 + 2

Tengo treinta y tres años, y dos hijos a los que mi vientre no pudo abrazar. A veces, los siento lactar. A veces, me los imagino corriendo por la casa. A veces, los escucho llamarme “mamá”. A veces, mis hijos se sientan conmigo a hacer los deberes. A veces, hacen rabietas y me sacan de mis casillas. A veces, se parecen a mi, y otras veces a su padre. A veces, se van a la cama y yo los veo dormir.
Tengo treinta y tres años, y dos hijos perdidos.

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Recordando a Omar V.

A menudo me pregunto qué sentiría Omar. Me lo imagino sentado en la azotea del cine, fumándose ese último Marlboro rojo. Quizá tumbado, mirando al cielo. Tenía miedo? En qué pensaba mientras se quitaba los zapatos y los alineaba en orden junto a su reloj, el encendedor, la cartera y los cigarros? Se sentiría solo?

Luego, me gusta imaginarlo un momento detenido en el aire, en la plenitud del salto, como un planeador. Lo imagino sonriente, tranquilo. Es cierto que el recuerdo tiende a embellecerlo todo.

Muchas veces pienso en Omar. Nunca tengo el valor de verlo más allá del salto. Nunca tengo el valor de recordarlo frio, en la caja cerrada. Nunca puedo verlo más allá de la tez blanca y el pelo rubio y la sonrisa y los brackets y los ojos azules. Nunca puedo dejar de verlo saltar, con la paz, finalmente, dibujada en el rostro.

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Mi tristeza es mia, y sólo a mi me duele. Mis soledades, vacías y deformes, hinchadas de dolor, de náuseas, de vientres vacíos, y promesas rotas, es sólo mía. En mi pecho explotan alegres cientos de bombas atómicas. Una tras otra. Incesantes. Una. Viene otra. Y otra. Para siempre. Vivo dejando mi vida colgada de un corazón ajeno, que resulta siempre no querer cuidar el mio. Una nómada. Me he convertido en una mujer sin hogar, en un ser equivocado. En una persona sin esperanzas. Recuerdo la niña que jugaba sola. La mujer, también juega sola. Tengo el presentimiento que la anciana morirá en soledad. Y es a veces un pensamiento absurdo, ese de la vejez. Pero una fuerza extraña sigue salvándome irracionalmente de la auto-eutanancia. Cansada. Sola. Engañada. Triste. Explotando. Aborrecida. A mi qué me importas, Mariposita. Vete de aquí, Libélula molesta. No quiero saber más de ti, mi amor, mi parchita hermosa…

Allá, a la distancia, se apagan las luces.

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Almost, Honey..

La canción flotaba en el aire, atrapada en el pequeño espacio que encerraba la mini-van. Afuera, el cielo se extendía majestuoso. Era uno de aquellos atardeceres donde la belleza se imponía al frio. “You almost killed me, honey.. You aaalmost killed me, hoooneyyy…”
Se sorprendió a media búsqueda de un contacto que ya no existía. La canción llegaba a su fin. “Lástima -pensó- ésta le hubiese gustado mucho” y se sumió en el silencio de la tarde que moría.

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